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Pues hoy voy a romper una lanza a favor de las dichosas “50 sombras de Grey”. Y no he bebido. Lo prometo. Entonces ¿por qué? Pues porque desde hace mucho tiempo sólo leo críticas hacia la archifamosa trilogía y ahora han vuelto a repuntar las críticas por el próximo estreno de la película.

Estamos de acuerdo en que literariamente deja bastante que desear, eso no voy a rebatirlo. Pero jo, realmente todas las personas que critican duramente los libros, ¿se han parado a pensar en el gran bien social que ha despertado la novela? O más bien ¿en el gran beneficio que ha supuesto para muchas mujeres que vivían su sexualidad encerradas en sí mismas? ¡Ah! A lo mejor es por eso mismo. Que no interesaba que las mujeres despertaran su deseo sexual, sus instintos más primitivos y salvajes, su propia independencia sexual y sobre que empezaran a pedir…

Ahora está clarísimo. Qué bueno era cuando el hombre llegaba a casa, se cambiaba de ropa y se tiraba al sofá rascándose los huevos mientras esperaba a la cena, viendo la tele. Incluso agradecido estaba cuando su mujer devoraba los tres libros concentradísima todas las noches en la cama sin decir ni mú ni “molestarle”…

Yo creo que las críticas son exageradas. Vale que la descripción y uso del BDSM en la novela sea un poco “ful de Estambul”, vale que alguna loca casi “la palma” intentando imitar las escenas poco reales de la habitación roja con sus parejas… Pero no creo que las mujeres del mundo (y digo mundo porque creo que hasta en Groenlandia han leído “las 50 sombras”) se hayan vuelto unas adictas al BDSM (que tampoco es que fuera malo) ni tampoco creo que se tragaran que la protagonista toda virgen ella y más tonta que pichote, en la primera arremetida del “pequeño” Grey tuviera un orgasmazo. O que con una sola nalgada se corriera (Eso es ficción, señoras, por si alguna aún pensaba que era real). Y aún así… ¿Por qué no?

Lo que ha despertado el señor Grey, y es lo que realmente ha molestado, es el deseo de la mujer. La erótica de la mujer. Las ganas de explorar sus mapas eróticos. Su imaginación. Su atrevimiento. A pedir. A saber que sus sueños no eran algo único de ellas y por lo tanto algo pecaminoso (debido a la educación machista y/o religiosa recibida por muchas). Que ha despertado la curiosidad por aprender a conocerse, a sentir, a orgasmar como ellas quieran y puedan; a querer que sus parejas las correspondan y las deseen de verdad, no cada vez que necesiten descargar los huevos. La novela les ha enseñado a quererse un poquito más (o a quererse, en algunos casos más jodidos) y a aprender que su sexualidad, su placer, depende de ellas mismas.

Y si miento, que hablen las tiendas eróticas y digan cómo han aumentado (o no) sus ventas y visitas desde el boom de la trilogía erótica. O las editoriales de novelas eróticas (mira la Megan que rápido ha sacado nueva novela).

Que la mujer no desea un hombre inmensamente rico, altruista, top model, y que la regale un coche y la colme de atenciones… bueno, quizás sí, pero mirando al otro de la cama lo que ella desea es una pareja que la desee. Que la mire a los ojos cuando le haga el amor (o la folle… dejémonos de tonterías) que se preocupe de algo más que de su polla y que aprenda que yacer en la cama con ellas no sólo es un “metesaca”. Y que los besos, no sólo forman parte de los primeros días…

Y en este caso fue «50 sombras» pero si hubiera sido una novela erótica cualquiera por muy buena que fuera, también habría sido criticada. Y lo importante es que sucedió. Así que yo sólo puedo decir una cosa… ¡Viva la madre que te parió Míster Grey! Y al que le pique, que se rasque.