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En lo referente al sexo, la mayoría nos hemos apañado como hemos podido, tanto chicas como chicos. La «primera vez» es una transición, a la sexualidad en pareja, misteriosa, llena de vergüenza y pudor, nervios y en ocasiones algo de miedo. Sentimientos inevitables por otro lado dado el escaso o nulo «acompañamiento» parental. Los únicos consejos que solemos recibir son advertencias del tipo «usa preservativo» o «no vengas embarazada» y poco más. ¿Suficiente? Y por parte de nuestros amigos, también inexpertos, recibimos informaciones poco halagüeñas: «duele» y «sangras».

Dolor y sangrado. Recuerdos de la menarquía (primera menstruación), un paso que marca a la mujer de diferentes maneras y muchas relacionadas con el desconcierto, la vergüenza, el miedo, etc… (Hago un inciso para votar ¡por la creación de ritos de acompañamiento y alegría en el paso de niña a mujer!)

Así que esos recuerdos y sensaciones se unen a los sentimientos ya mencionados, previos a la primera relación sexual. Sensaciones y sentimientos que suelen acompañarnos inconscientemente en cada relación sexual posterior que tenemos; o al menos en muchas de ellas. El pudor y el miedo están presentes e impiden que estés atenta a ti misma, a lo que sientes, a lo que te pasa, a lo que quieres y a quién eres. Esos sentimientos suelen desembocar poco después en culpa. Culpa vestida de falta de satisfacción sexual (debido a la pérdida de atención sobre tu cuerpo) y con ello un bloqueo que nos afectará en nuestra sexualidad, nuestro placer y nuestras emociones a todos los niveles.

La energía sexual (el trabajo con esta energía a través de la terapia Sexitiva) te aporta un nivel de presencia y consciencia del momento presente y de ti misma; atraviesa la barrera del pudor por mostrarte desnuda, de mostrarte entera en cuerpo y alma; y derriba la barrera de dejarte mirar, dejarte tocar y sobre todo de permitirte SENTIR.

Y ese nivel de conciencia y autoconocimiento que se adquiere a lo largo de las sesiones, te libera. Y cuando te sientes con tanta claridad y lucidez, es muy fácil que algo cambie y mejore después; sencillamente y sin más. El «darte cuenta» de qué sientes, piensas y experimentas durante cada minuto, tiene un efecto curativo en sí mismo.

Una vez que se atraviesa ese camino, logras tener acceso a otros lugares de ti misma más agradables, otros incluso olvidados pero emocionantes, y otros que creías superados pero que seguían ahí, permitiéndote ahora dejarlos ir…

También te permite contactar con la sacralidad de tus genitales. Te permite ser consciente de que algo que valorabas como sagrado lo escondías, lo atesorabas; y que por ese mismo motivo no se podía ver, acceder, disfrutar, utilizar… te das cuenta de la importancia de normalizar tu sexo, mostrarlo, no realzarlo tanto y simplemente tener consciencia de tus genitales, disfrutarlos y dejar de sobreprotegerlos.

Y así llega tu «despertar», tirando abajo mitos, miedos, vergüenzas, culpas y bloqueos… dándote el control absoluto de tu vida, de tu sexualidad y de tus emociones.

Recuerda… ¡se Sexitiva!