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El miércoles pasado asistí a un taller titulado “los secretos del cunnilingus” por curiosidad. Lo impartió la psicóloga y sexóloga Ana Lombardía. Una profesional excelente que recomiendo leer en su web www.sexoenlapiel.com. Y si estás por Madrid, intenta ir a alguno de sus talleres.

cunnilungus

Mi intención en este taller era asistir de observador y oyente y por supuesto saber si realmente existía algún secreto para realizar un buen sexo oral a una mujer; o al menos alguno que no hubiera escuchado hasta ahora. Menos mal que al final resultó ser un buen taller donde se habló de la importancia del sentir más que de la técnica.

Y digo menos mal porque lo realmente importante a la hora de hacer un buen sexo oral (sea a una mujer o a un hombre) son las ganas tanto de hacerlo como de recibirlo. Sin presión, sin condicionamientos y sin sentir la “obligación” de cumplir. Y por esa línea fue principalmente el taller, además de hablar de la anatomía de la vulva y la vagina. En definitiva, un par de horas muy interesantes. Yo de todos modos saqué mis propias conclusiones y por eso tanto Ana como yo queremos colaborar para añadir a sus talleres un toque de práctica. Técnicas generales pero no infalibles (porque no existen) que ayuden aún más a todas las personas interesadas en aprender a mejorar su sexualidad.

Pero lo que más me llamó la atención del taller fueron sus participantes. No hubo ninguna mujer lesbiana (supongo que ellas ya saben que no hay trucos en el sexo oral, sino tan solo disfrutarlo) y los hombres que acudieron eran de media edad excepto uno más joven.

Dió la sensación según avanzaba la charla que ellos habían venido atraídos por el título del taller “Los secretos del cunnilingus” porque a cada minuto que pasaba su participación iba decreciendo hasta silenciarse de tal modo que parecía que quisieran que acabara ya para irse a sus casas decepcionados. Porque esa es la palabra que creo que definía sus caras.

Por sus pocas palabras, las que soltaron al principio del taller, pude deducir que ellos habían ido para realmente conocer esos secretos que se les resiste para hacer una buena comida de coño. Querían que en dos horas se les convirtiera en los grandes amantes que no han sabido ser nunca. O al menos esa fue mi sensación general. YO QUIERO ser un gran amante. YO QUIERO volver loca a mi(s) pareja(s), YO QUIERO saber cómo provocar fuegos artificiales. Yo, yo, yo, yo y más yo. No eran exigentes pero el YO sí iba implícito muchas veces en sus palabras.

Por otro lado, no escuchaban. No les parecía interesar dónde estaba el clítoris por ejemplo, o dónde el punto G, sino sólo cómo estimularlos para que les aplaudan. Es como querer conducir sin coche… pero lo más curioso del todo, porque era digno de observar, era cuando otro hombre (en este caso yo) se ponía de parte de la sexóloga. Activaban sus genes de “machos alfa” para imponer sus opiniones adquiridas por la cultura y sociedad patriarcal. Ninguna de sus opiniones eran de ellos mismos. Todas eran yo he leído…; los estudios demuestran…; sin parar a pensar en lo que realmente decían y lo que realmente intentaba transmitirles Ana. Sobre todo cuando se trataba de quién tenía más deseo sexual si el hombre o la mujer… Y aún hay algo má flipante: Sus caras de «esta mujer está loca» cuando les dijo que algo muy pero que muy importante a la hora del sexo oral era la comunicación. Yo alucinaba pepinillos. No sólo es que no se les había ocurrido, sino que les parecía una gilipollez. ¡Cómo iban ellos a preguntar qué tal lo están haciendo y si quieren mejor así o así! ¡Por favor!

En fin, que la conclusión que pude sacar es que a pesar de la alegría que da ver cómo un hombre es capaz de acudir a un taller sobre sexualidad, aún hay mucho trabajo por hacer para eliminar o al menos reducir sus egos. Pues para ellos lo más importante no es disfrutar de lo que hacen, sino de que la mujer se corra muy rápido, mucho y sólo gracias a ellos; y que se lo reconozcan, por supuesto, para después poder presumir con los amigos de lo bien que lo comen o incluso utilizarlo como método de ligue (¡infalible claro! ¿Verdad mujeres?).

Como bien decía Ana Lombardía y que yo suscribo, un buen sexo oral pasa por querer hacerlo porque te gusta. No por quedar bien, no para que luego te la chupen ni para que te digan que eres el que mejor lo hace. Tampoco es un “preliminar” (detesto ese concepto) ni un intento de arreglar el correrte muy rápido y que la pareja no haya disfrutado con la penetración.

Comerse un coño es como un beso. No lo hago para ponerte cachonda. Lo hago porque me gusta. Lo hago porque me pone cachondo a mí. Lo hago porque disfruto. Te como el coño porque cuando meto mi cabeza entre tus piernas se para el tiempo. Y no pienso en si te corres, en si te gusta (porque si me dejas es porque te gusta, no por hacerme un favor) o en si luego me la vas a chupar a mí. Mi único pensamiento es erotizarme, seguir tu ritmo, disfrutar de tus contoneos y tu respiración jadeante; de tus gemidos o tus gritos; beber el néctar que surge de tu coño. Porque el verdadero secreto de un cunnilingus es: El placer por placer y sobre todo ¡PRÁCTICA!

¡Sed Sexitiv@s!